Giulia
—¡Oh, Giulia! —Mi madre me abraza con fuerza—. No tienes idea de cuánto te he extrañado. No sabía que vendrías hoy. ¿Por qué no me lo dijiste? Te habría preparado algo especial. —Se aparta y su mirada recorre mi rostro.
Se me saltan las lágrimas de los ojos al ver lo hermosa y relajada que se ve. Lo atribuyo al hecho de que ya no tiene que preocuparse por nada. Está segura y protegida en esta hermosa casa de piedra rojiza en un buen vecindario... todo gracias a Florentino.
«Están bajo mi