Giulia
Sin ganas, saco mi equipaje de la zona de recogida de equipajes y me dirijo hacia la sala de llegadas mientras escruto con la mirada la multitud en busca del rostro de Giuseppe. Nonna Isadora me dijo que lo enviaría al aeropuerto para que me recogiera cuando llegara. Hay muchas caras, pero no hay ninguna de Giuseppe. Dejo de caminar y busco el teléfono en mi bolso.
Cuando Nonna Isadora me invitó por primera vez a que me quedara con ella por un tiempo, me negué. Estaba de luto por la pérd