Florentino
—La cita está hecha—, dice Roberto.
Asiento. —Bien.—
Es hora de enterrar el hacha de guerra con Sal. De encontrarme con él cara a cara y decirle que no tiene sentido ir a por Franco o a por mi esposa porque la tierra que él cree que todavía pertenece a mi esposa ya es mía. Él lo creía porque deliberadamente mantuve en secreto mi absoluta propiedad de Terra De Rossi, que solo conocían Franco, su hijo y yo. Puse eso como condición de nuestro trato porque no quería que Giulia descubrier