Giulia
—Extraño mi casa, pero mi esposo y yo estaremos en Nueva York en unos días—.
Louisa jadea. —¿Qué? ¿Qué acabas de decir?—
—Dije que volveríamos a casa en unos días —digo cambiando el canal de televisión mientras sostengo el teléfono en mi oído.
—No, esa parte no.
—¿Te extraño?—
—Tampoco esa parte —murmura—. Volvamos a la parte en la que llamaste a Florentino tu marido.
Me ruborizo y pongo los ojos en blanco. —Oh, Dios mío, Louisa…—
—Te has enamorado de él, ¿no? —se ríe—. Sabía que lo ha