Florentino
Observo con asombro cómo se da la vuelta y se dirige hacia las escaleras. Me levanto de la silla y la agarro del brazo.
Ella se aparta de mí bruscamente. —¡No me toques!—
—¿Qué carajo pasa?—
—¿De verdad tienes reuniones todo el día? —me pregunta, mirándome fijamente—. ¿O tienes que encontrarte con alguna de tus muchas putas?
La miro con asombro. No entiendo qué está pasando. ¿Cómo pasamos de —Está bien, no me vestiré como una puta en público, aquí tienes un beso cariñoso para ti— a —