Giulia
—Louisa, tengo que irme. —Me inclino para besarle la mejilla.
Ella frunce el ceño. —¿Qué? Llegamos juntos—.
—Está bien. Quédate con tus amigos. Florentino está afuera. Hagamos esto en otro momento.
—Te acompañaré hasta la puerta —dice Louisa, tomándome la mano. Me despido de las chicas con la mano.
Hay un auto deportivo negro mate, elegante y de aspecto muy caro que nunca había visto antes, aparcado justo en la entrada, y Florentino está apoyado en él. Está vestido de negro, como es su e