Dante.
Iban por la mitad de la botella y agradeció tener bastante tolerancia a las bebidas alcohólicas. Las cosas habían pasado de cero a cien y le estaba costando mucho seguirle el juego.
Una hora después, en la botella casi no quedaba nada y el humor juguetón de Alessandra estaba llegando al punto de no retorno. No quería acostarse con la mujer, pero tenía que mantener la fachada de hombre interesado si quería lograr su cometido.
—¿Qué tal si pones algo de música, dulzura? —propuso, buscando una e