Epílogo.
Un sonido gutural escapó de su boca… Su poca cordura abandonándolo mientras el placer continuaba creciendo, expandiéndose por cada centímetro de su cuerpo. Por ratos, se sentía estar flotando o quizá solo eran las sensaciones que estallan dentro de sí cada que bajaba la mirada y veía esos labios llenitos y pecaminosos, esa lengua húmeda y esa boca caliente tragarse su duro pene.
No sabía cuánto tiempo llevaba allí, sentado en el borde de la cama, con una mano apoyada sobre el colchón y la otra