Habían pasado tres lunas desde que Max le dio la espalda en el asentamiento. Tres lunas en las que Kate, oculta en una cueva bajo la protección de Liam, no había dejado de sentir el rastro del calor de Max en su piel.
El bosque susurraba su nombre, o quizás era la magia verde en sus venas la que la llamaba hacia él.
Esa noche, el aire cambió. El aroma a pino y tormenta que siempre precedía a Max inundó la entrada de su refugio. Kate se puso de pie, su corazón golpeando sus costillas con una vi