—Casi está hecho, Kate —susurró Itus una noche, sus ojos brillando con una luz que ya no era del todo humana.
—Una sesión más, y Max será solo un recuerdo. Serás libre. Y yo... yo habré cumplido mi promesa.
En la mente de Max, a kilómetros de distancia, el dolor se volvió insoportable.
Él sentía cómo le arrancaban partes de su propia alma a través del vínculo. Sabía que algo le estaba robando a Kate, pero ella había bloqueado sus gritos.
Itus ya no era el hombre delgado y callado del principio