No fue una batalla. Fue una ejecución. Las raíces atravesaron las extremidades de Itus, inmovilizándolo en el aire como una marioneta rota.
Él gritó, un sonido que mezclaba el aullido del lobo con el chillido humano, mientras la magia verde empezaba a devorarlo desde adentro.
—Este es el precio por tu ambición —dijo Agnes. Con un movimiento seco de la mano, las raíces se tensaron.
Itus agonizante confesó.
—debí quédame con tu poder antes de mandar a ese viejo idiota a matarte.
Agnes abrió los