Lejos de la niebla esmeralda que consumía los valles, Liam llegó a las cumbres heladas de las Montañas del Norte, el hogar de las Brujas Blancas.
A diferencia de Agnes, cuya magia nacía de la putrefacción y la venganza, estas mujeres extraían su poder del orden, el sacrificio y el hielo eterno.
Liam entró en el salón circular de piedra, donde la Suma Sacerdotisa, una mujer de ojos tan claros que parecían ciegos, lo esperaba.
—Hueles a él —dijo ella, con una voz que sonaba como cristales chocan