Fue en una de esas noches de debilidad, cuando el eco de Max era tan fuerte que Kate casi podía oler el almizcle y la sangre de su Alfa.
Itus irrumpió, no llegó con el estruendo de un guerrero ni la malicia de una bruja.
Apareció como un viajero cansado, sentado junto a una hoguera que Kate no recordaba haber encendido.
Tenía una presencia extrañamente calmada, una energía que no era ni luz pura ni oscuridad corrupta, sino algo... equilibrado.
—Ese ruido en tu cabeza... debe ser agotador —dijo