La frialdad de la cueva le reafirmaba la ausencia de compañía.
—Kate, ¿te encuentras bien?, te ves un poco…pálida—Liam observaba con detenimiento la apariencia escuálida de la joven, el olor del veneno de su sangre se hizo notar al igual que el aroma casi disuelto de Max.
— ¿Dónde está Max, Kate? —su voz cambió a un tono sombrío casi gélido.
—se ha ido…me ha abandonado…de nuevo—sus lágrimas cálidas contrastaban con el frio de su piel pálida.
— ¿acaso enloqueció?, alguien pudo seguirlo hasta acá