Max se acercó, tambaleándose. La tensión sexual y el hambre de poder que lo habían dominado se transformaron en una náusea insoportable al ver a su hermano de armas muriendo por su culpa.
Se arrodilló al otro lado de Liam, sujetando su mano con una fuerza desesperada.
—Perdóname, hermano —gruñó Max, con la voz rota. El Alfa oscuro había muerto; solo quedaba el hombre destrozado por su propia ambición.
En la mente de Kate, Agnes rugía de furia. “¡Déjalo morir! ¡Usa su alma para fortalecer nuestr