La sala del consejo tenía esa clase de silencio que se cultiva durante décadas. Un silencio de caoba y retratos al óleo, de hombres que habían aprendido que el poder no necesita alzar la voz porque ya ocupa todo el espacio disponible.
Elena entró cuatro minutos antes de la hora. No dos, no diez. Cuatro. Los suficientes para estar sentada cuando llegaran los demás, pero no tantos como para parecer ansiosa.
Adrián la observó desde la puerta mientras ella colocaba su carpeta sobre la mesa con la p