El campo de entrenamiento militar de la unidad North no era lugar para una mujer, o al menos eso dictaban las miradas de los centinelas cuando Diamond bajó del vehículo.
El sol de Transilvania, aunque presente en el cielo despejado, no lograba calentar el aire cargado de sudor, tierra batida y pólvora.
Diamond cargaba con dos cestas pesadas, escoltada por un joven soldado que apenas se atrevía a mirarla a los ojos, como si temiera que su belleza fuera una distracción peligrosa o un pecado.
—Pue