Diamond observaba a Ridell, sentado frente a ella en la pequeña mesa que habían dispuesto en su habitación.
La superficie estaba repleta de platos; un banquete tan vasto que Diamond estaba segura de que no podría terminarlo ni en tres días.
Levantó la cabeza y los ojos plateados de Ridell la observaron con una expresión serena, casi indescifrable.
—¿De verdad espera que coma todo lo que hay aquí, Capitán? —preguntó Diamond, señalando con un gesto vago la mesa mientras sus ojos mostraban una mez