VICTORIA
—¡Por Dios, Bastian! Cálmate mi amor, por favor— No sé cómo controlarlo, está hecho una furia andante.
—¡Miserable, malnacido! ¿Cómo pudiste? Se supone que eres mi amigo, como mi hermano. ¿Por qué con ella? De todas las mujeres en este mundo, ¿por qué con ella?
—Si no le sueltas el cuello de la camisa, no va a poder responderte, lo vas a matar.
—Sigo sin creerlo— Mi pobre esposo, se siente mal; yo lo sospechaba, pero no podemos hacer ya nada, las cosas están hechas; dicen que en una