31. COMPROMISO ROTO
EL REY
Claro que sé que mi hijo no es un santo.
Pero nunca imaginé que los rumores sobre su interés en la hermana de la señorita Margareth tuvieran un ápice de verdad.
Los pasillos del palacio son implacables.
El rumor se desliza entre las cortinas y las columnas como un espectro imposible de silenciar.
Cada mirada que me dedican los cortesanos lleva esa mezcla de falsa compasión y curiosidad morbosa que tanto detesto.
Mi reina está desconsolada.
Llora a escondidas, aunque pretende disimularlo