140. UN DULCE DESPERTAR Y EL FRESCOR DE LA VENGANZA
REINA NILEA
Cuando Guillermo salió de nuestra ala, partí detrás de él.
Nunca había hecho algo así.
Jamás me había rebajado a seguir a mi esposo en silencio por los pasillos del palacio, escondiendo mis pasos entre las sombras como una intrusa en mi propia casa.
No me enorgullece.
Pero el orgullo perdió valor noche cuando escuché el nombre de mi hermana tras la puerta.
Ahora necesito certezas.
Tengo demasiadas cosas claras en mi mente y, al mismo tiempo, una única gran incógnita: ¿qué hará Guill