125. LADY OLINDA Y EL BASTARDO
LADY OLINDA
Fausto nunca me dirá que no a nada que le pida.
No solo porque, según mi antojo, lo invito a mi lecho con regularidad.
También porque me debe la vida.
Él no era más que el bastardo de un noble. Un hijo no reconocido que se moría de hambre en las calles cuando escuché por primera vez su historia. Su madre era una mujer humilde que después de la pérdida de su virtud debió dedicarse a una de las profesiones más antiguas del mundo: ser proveedora de placer. Todo por conseguir algo de