HABÍA DESCUBIERTO LA MENTIRA

Enzo y sus hermanos y sus malditas narices iban a ser mi muerte.

Me desabrochó la bota y me la quitó con cuidado, agarrando el bajo de mis leggings y deslizándola por encima de mi tobillo dolorido. Fue mucho más cuidadoso de lo necesario, y eso fue excitante.

Estúpidamente caliente.

En ese momento todo estaba estúpidamente caliente.

—Solo…— Finalmente me quité las mallas y separé mis muslos un poco más.

Él agarró mi tobillo antes de que pudiera estrellarse contra el suelo y lo bajó con cuidado.
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