Hice lo que me ordenó, pero no pude concentrarme en sus palabras. Jugaba alternativamente con mi clítoris y mi punto G. Sus labios subían lentamente por la parte interior de mi muslo, lamiendo y chupando.
Cerré los ojos después de unos minutos y finalmente dejé caer el dispositivo a mi lado. —Ya haz lo que quieras conmigo, Alfa—.
—Eso no es lo que soy para ti. —Mordisqueó mi clítoris con los dientes y yo maldije.
—Enzo.—
Me recompensó con su lengua en mi clítoris, y no paró hasta que estuve tan