Capítulo sesenta y tres. Las reglas que cambian.
El lunes llegó con una normalidad que resultaba casi ofensiva.
Alexandra lo pensó mientras observaba a Liam ponerse los zapatos con una concentración absoluta, como si el mundo no estuviera lleno de adultos peligrosos, apellidos con dientes y mujeres que creían poder mover los hilos desde la sombra.
—Mamá, ¿el martes es día de dinosaurios? —preguntó él, levantando la vista.
—Es martes, jueves… y cualquier día que tú quieras —respondió ella, sonriendo.
Daniel los observaba desde la puerta, café en mano. Esa escena —tan simple, tan doméstica— era la razón por la que no pensaba retroceder ni un centímetro.
Cuando Liam salió con la niñera, el apartamento quedó en silencio.
Un silencio distinto. Productivo. Expectante.
—Tenemos que adelantarnos —dijo Daniel, apoyando la taza sobre la encimera—. Eleanor no vino solo a medir fuerzas.
Alexandra asintió.
—No. Vino a marcar territorio.
Carlos apareció desde el living con una carpeta gruesa bajo e