Capítulo treinta y cuatro. Lo que se desea en voz alta
La cena no fue elegante.
Fue hogareña.
Alexandra había pasado toda la tarde cocinando con la ayuda entusiasta —y poco efectiva— de Liam, que insistía en “probar” cada cosa antes de que llegara a la mesa. Daniel observaba desde la cocina, apoyado en el marco de la puerta, con esa calma nueva que todavía le parecía irreal.
El apartamento estaba lleno de aromas cálidos: pasta recién hecha, pan tostado, especias suaves. Nada sofisticado. Todo honesto.
—Esto es una trampa —dijo Daniel con media sonrisa—. Los vas a malacostumbrar.
—Que se acostumbren —respondió Alexandra—. Ya sobrevivimos suficiente tiempo en modo guerra.
El timbre sonó poco después.
Nicole fue la primera en entrar, con Tristán dormido en brazos y Millie aferrada a su pierna. Kyan cargaba una botella de vino y esa sonrisa franca que siempre traía consigo.
—Espero que no esperaran algo fino —dijo—. Porque esto lo elegí por la etiqueta.
—Perfecto —respondió Daniel—. Yo el