Capítulo treinta. El juego ha terminado.
Los gritos ahogados de Liam eran lo primero que se escuchaba al entrar en la sala trasera de la propiedad, un espacio que hasta entonces siempre había sido seguro. Alexandra sintió que el alma se le quebraba en mil pedazos al encontrar la escena frente a ella: Thiago, su hermano… ese fantasma del pasado que todos creían muerto, sostenía al pequeño contra su pecho, una mano firme atrapándolo por el torso mientras el niño lloraba desconsolado, con la cara