Capítulo veintinueve. Movimientos en el perímetro.
La mansión Byron estaba sumida en un silencio extraño. No el silencio sereno de una casa en descanso, sino uno lleno de tensión, como si las paredes mismas escucharan, temieran, respiraran.
Después de ver el símbolo marcado en la ventana, Liam no había querido soltar la mano de Alexandra. El niño temblaba, aunque intentaba ser valiente.
Daniel estaba de pie junto a la ventana, con el cuerpo rígido, la mandíbula tensa y la mirada fija en el símbolo.
No era grande.
Apenas un trazo.
Pero cargaba con toda una amenaza.
—Esto no fue una advertencia —dijo finalmente, con la voz baja y contenida—. Fue una firma.
Alexandra abrazó a Liam, protegiendo la parte más vulnerable de su mundo.
—¿Qué significa exactamente? —preguntó Daniel, sin apartar la mirada del cristal.
Ella respiró hondo, un segundo demasiado largo.
—Es un aviso —explicó—. Cuando quieren que sepas que están cerca… que ya no eres del todo dueño de tu espacio. Lo usaban cuando quer