Capítulo veinticuatro. Lo que se decía con la piel.
La mansión Byron había quedado en un silencio tenso después del caos. La policía ya se había llevado a los hombres que irrumpieron allí, pero el ambiente todavía olía a adrenalina y miedo reprimido. Alexandra seguía sentada en la sala, envuelta en una manta que Nicole le había puesto sobre los hombros mientras ella aún temblaba. Liam dormía en el piso de arriba, custodiado por Kyan, ajeno al peligro que casi los perjudicaba.
Daniel se desplazaba por el lugar como un depredador en guardia. Revisaba ventanas, puertas, pasillos… pero cada pocos segundos giraba la cabeza para asegurarse de que Alexandra seguía allí, respirando, viva. Ella intentaba calmar los latidos acelerados de su corazón, pero su cuerpo recordaba demasiado bien el sonido de los disparos, la forma en que Daniel la sostuvo contra su pecho mientras huían, la idea aterradora de que pudo haberlo perdido.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Nicole, ofreciendo una taza de té a Ale