Crono irrumpió en la mansión como un huracán de furia contenida, sus pasos resonando sobre el mármol con la fuerza de un trueno, haciendo que los sirvientes se apartaran de su camino y se escabulleran hacia la cocina. Estaba caminando hacia el despacho de su esposa para exigirle respuestas, pero justo cuando giraba hacia el corredor principal, ella apareció desde un costado de la sala. Su postura era serena, como siempre, pero sus ojos brillaban con una intensidad que solo él sabía descifrar.
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