El viaje había sido largo y tenso: dos días de silencios incómodos y paradas breves para descansar. Lucía pasó la mayor parte del trayecto fingiendo estar dormida. Cada vez que Apolo le ofrecía agua, comida o intentaba iniciar una conversación, ella simplemente lo rechazaba con un gesto de fastidio. Él, por su parte, se esforzaba por no perder la paciencia.
A pesar de su actitud fría, las palabras de la anciana Gloria resonaban en su mente cada vez que cerraba los ojos: "No cierres tu corazón".