Lucía no quería molestar a Lisa, así que bajó las escaleras hacia la cocina. Al llegar, encontró el lugar vacío. Caminó hacia la nevera y la abrió. Sacó un vaso y la jarra de jugo de naranja. Se sirvió un poco, pero justo cuando llevaba el vaso a los labios, una voz chillona y burlona cortó el silencio, haciéndola rodar los ojos.
—Vaya, es la primera vez que te veo fuera de tu habitación —dijo Susana, apoyada en el marco de la puerta con los brazos cruzados—. Parece que el ratón de biblioteca y