Capítulo sesenta 60

Eris vagaba entre los árboles como un espectro, perdida en sus pensamientos. Al llegar a una formación rocosa, se dejó caer sobre una piedra fría. De pronto, escuchó unos pequeños quejidos, tan leve que casi se confundía con el susurro del viento. Curiosa, buscó el origen del sonido, descubrió una grieta estrecha en las rocas. Al asomarse, quedó atónita al distinguir las siluetas de tres niños. Sus cabellos dorados eran inconfundibles. "Los hijos de Freya", pensó, y un nudo de culpa le apretó l
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