Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl jardín de rosas de la mansión Alcántara exhalaba un perfume denso, casi narcótico, mientras el sol de las seis de la tarde teñía el cielo de naranja y púrpura. Ximena caminó por el sendero de piedra caliza con el sobre manila apretado contra su pecho, sintiendo cómo cada paso la acercaba a un punto de no retorno. Los guardaespaldas de Miranda flanqueaban la glorieta octagonal donde la matriarca esperaba, sentada en una silla de







