Mundo ficciónIniciar sesiónLa residencia Alcántara se alzaba en Las Lomas como un mausoleo de mármol travertino y cristal blindado, rodeada de jardines que parecían diseñados más para intimidar que para embellecer. Ximena cruzó las puertas de hierro forjado a las nueve de la mañana, con el estómago convertido en un nudo de alambre de púas y la mandíbula tan tensa que le dolían las muelas. El mensaje de Miranda había llegado a las siete:







