Mundo ficciónIniciar sesiónLa verdad tenía el peso del plomo y la textura del papel envejecido. Thiago lo supo cuando el notario Esquivel deslizó sobre el escritorio de caoba tres certificados de defunción que no deberían existir.
—Fueron archivados en 1998 —explicó el hombre de sesenta años, cuyas manos temblaban ligeramente mientras ajustaba sus anteojos de montura dorada—. Alguien con acceso al Registro Civil los mantuvo ocultos durante veintis&eacut







