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Una mentira dicha con los ojos llorosos siempre es más difícil de desmentir que una dicha con frialdad.

Ximena lo comprobó cuando abrió la puerta de la habitación y encontró a Jade en el pasillo, con el rostro descompuesto y lágrimas corriendo por sus mejillas. La chica sostenía su teléfono con una mano temblorosa, la pantalla iluminando su expresión de aparente devastación.

—Necesito hablar conti

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