Mundo ficciónIniciar sesiónXimena llegó a la hacienda a las seis y cuarto.
El camino de grava crujió bajo las ruedas con ese sonido familiar que era también, a estas alturas, una manera de llegar: el cuerpo reconociendo el lugar antes de que los ojos lo vieran del todo. El sol estaba ya muy bajo, tiñendo las piedras del muro







