Mundo ficciónIniciar sesiónEl teléfono de Ximena no dejó de sonar en toda la noche.
No era el zumbido intermitente de los mensajes ordinarios ni el repique espaciado de llamadas que podían esperar. Era una cadena ininterrumpida, febril, que comenzó pasadas las cuatro de la madrugada y fue in crescendo hasta que la pantalla iluminada palpitaba como una herida abierta sobre la mesita de noche. Ximena lo ignoró el tiempo que pudo. Después ya no pudo más.
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