Mundo ficciónIniciar sesiónLa oficina del Dr. Salazar olía a formaldehído y café recalentado. Victoria apretaba los dedos contra el reposabrazos de la silla metálica, observando cómo el toxicólogo forense revisaba por tercera vez las páginas impresas que había extendido sobre su escritorio. Las ocho de la mañana apenas comenzaban a iluminar el edificio de Medicina Forense a través de ventanas opacas que jamás dejaban entrar suficiente luz natural.
Alejandro permanecía de pie junto a la puerta, postura militar pe







