Ninguna de las dos mujeres allí sabía siquiera como poner a funcionar el horno, tuvo que cenar con panecillos, mientras los comía maldecía aquel hombre con el que se había casado, pues aunque no era cierto, ella lo creía culpable de su desgracia.
En el fondo sabía que esa situación se debía a los malos hábitos financieros de ella y su familia, pero para ella resultaba más fácil culpar a su esposo, ya lo odiaba, no pensaba que cargarle la responsabilidad de su desgracia hiciera alguna diferencia