Capítulo 56.
NARRADOR.
En la sala de espera de la clínica privada se podía cortar el aire tenso con un chuchillo, el olor penetrante a desinfectante y el eco distante de pasos apresurados llenaban el silencio cargado de angustia. Nicolás estaba sentado en una de las sillas metálicas, la camisa empapada en sangre seca y fresca, con una mano presionando el costado vendado y la otra frotando el rostro una y otra vez, como si con ello pudiera arrancarse el miedo.
Camil permanecía de pie, inquieta, recorriendo e