Capítulo 32.

POV – MILA.

El amanecer me sorprendió todavía con la piel erizada, el recuerdo de cada caricia de Nicolás grabado en mi cuerpo como fuego invisible. Habíamos pasado un día entero encerrados, un día robado al caos, un día donde solo existíamos él y yo.

Y aunque mis labios no lo dijeran, mi corazón sabía la verdad: lo amaba.

Pero no estaba lista para aceptarlo, mucho menos para pronunciarlo. Ese sentimiento era un arma de doble filo. Si lo admitía, me volvía vulnerable, y en este mundo donde todo
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