La caída de Choi Seo-yeon había sido pública y humillante, pero no completa. Acorralada, despojada de su compromiso con Jae-hyun y con la influencia de su familia tambaleándose, el resentimiento se había fermentado en su interior, transformándose en una bilis corrosiva. Ella veía a Kang Ji-woo como la raíz de su desgracia, la mujer humilde que le había arrebatado todo lo que creía suyo por derecho. Y a Jae-hyun, el hombre que la había expuesto y desechado, como el traidor definitivo.
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