Los días que siguieron a la confrontación con Jae-hyun fueron un borrón indistinguible para Kang Ji-woo. El mundo exterior se desvaneció, reemplazado por la opresiva neblina de una depresión profunda. Su pequeño apartamento, antes un refugio, se convirtió en una prisión. Las cortinas permanecían cerradas, bloqueando la luz del sol que le recordaba la vida que seguía fuera, sin ella. Dormía, o intentaba hacerlo, por horas interminables, solo para despertar con el mismo dolor punzante en el pecho