La oficina de Lee Jae-hyun, inmaculada y fría, se había convertido en su particular infierno. Las cortinas estaban corridas, bloqueando la vista de la vibrante ciudad, como si quisiera ocultarse del mundo que lo juzgaba. La traición de su tío Hyo-jun ardía en su mente, un fuego helado que se sumaba al tormento de la humillación pública de Ji-woo y la presión asfixiante de su madre. Había estado despierto toda la noche, los planes de Hyo-jun resonando en su cabeza, las palabras de su madre sobre