La Torre Haneul, antes un bastión de acero y cristal que simbolizaba el poder inquebrantable del Grupo Lee, ahora se sentía como un barco a la deriva en una tormenta. Cada pasillo, cada oficina, resonaba con el eco de la incertidumbre y el miedo. Las acciones de Haneul seguían cayendo en picada, una hemorragia constante en los mercados que amenazaba con desangrar el imperio. Los titulares de la prensa, alimentados por la campaña de difamación de Seo-yeon, eran puñaladas diarias al corazón de la