El set de lápices y el cuaderno de bocetos de Jae-hyun se habían convertido en el ancla de Kang Ji-woo en los días siguientes. Los tenía sobre su mesita de noche, y cada mañana, antes de enfrentar el implacable mundo de la Torre Haneul, se permitía unos minutos para pasar los dedos por la superficie de madera pulida de la caja y el cuero suave del cuaderno. El regalo era una paradoja: una fuente de consuelo y, al mismo tiempo, una herida abierta. Le recordaba la conexión que compartía con Jae-h