El sol se alzaba lentamente sobre el horizonte de Seúl, tiñendo el cielo con tonos suaves de rosa y dorado. La luz, aún tenue, se filtraba a través de las inmensas ventanas de la Torre Haneul, revelando el desorden de la sala de conferencias principal: tazas de café vacías, papeles dispersos, sillas desordenadas. El zumbido de los servidores, ahora en proceso de recuperación, era un murmullo constante. El equipo de TI había logrado contener la brecha y el plan de contingencia estaba en marcha,