Las visitas de Karim se habían convertido en un bálsamo inesperado. Había en él una calma sólida, una autoridad que llenaba la casa sin imponerse. Kira lo recibía con gratitud, siempre dispuesta a responder a sus preguntas sobre su salud o el embarazo, mientras Julian, aunque aún desconfiado, comenzaba a mirarlo con un respeto que crecía cada día.
En la tercera visita, Karim se detuvo en el porche antes de tocar el timbre. Su mirada, entrenada por años de viajes y negocios en los lugares más co